Enrique Carrillo cumpliría hoy 53 años. El concejal amigo que merece justicia. La historia detrás de la verdad


Enrique Carrillo formó parte de la nueva hornada de egresados de la Universidad de Carabobo y que tenían aspiraciones de ejercer la política en plena efervescencia del chavismo en el 2004. Ese mismo año, llegó a ser concejal de Naguanagua con el partido Podemos del infausto Ismael García y sus secuaces, pero tiempo después se apartó de ese movimiento político. Aquella infausta noche del 13 de noviembre del 2011 nadie imaginaba que sería Trincheras la última morada de Carrillo cuando el arma de unos sicarios acabó con su vida y con la de su amigo, Jhon Lino Foster.

Testimonios después del hecho relatan que no era Carrillo el objetivo de los criminales sino, su acompañante de esa noche, Foster, quien formaba parte del Sindicato de Obreros de la Universidad de Carabobo. Al estar Enrique en ese momento junto con Foster y una dama de nombre Lucía Álvarez, recibió dos impactos de bala que terminaron por cegarle la vida. Acababa de terminar de conversar con su asistente esa noche del domingo 11 para comunicarle que dejara con seguro su oficina porque el lunes, tenía otras ocupaciones que hacer y no iría al Concejo Municipal de Naguanagua.

Otros testimonios relatan la desaparición del celular blackberry de propiedad de Carrillo dónde se podían encontrar algunas conversaciones que podrían darle lucidez al hecho, pero nunca se encontró el dispositivo móvil.

Otra de las versiones de las cuales se tuvo conocimiento es que la dama que acompañaba a los amigos, tenía un ex pretendiente que aún quería mantener control sobre sus actos y que se mostraba muy celoso al conocer que tenía vida privada. 

Fuentes policiales relatan que los criminales, que fueron dos, resultaron abatidos días después y por ello, no se pudo indagar más los hechos en cuestión. Carrillo fue un concejal crítico de la gestión del alcalde de Naguanagua de ese entonces, Alejandro Feo La Cruz, pero eso no impidió que el burgomaestre estuviera presente en su sepelio en las instalaciones del Concejo Municipal de Naguanagua.

Ya han pasado casi 15 años de ese cruento episodio y aún los familiares no saben a ciencia cierta que pasó, solo las personas más allegadas podrían desenfundar la verdad. Queda como anécdota, dos obituarios en memoria de Carrillo que se publicaron donde se denotan riñas conyugales que es mejor mantener en reserva. Lo que si queda claro es que Enrique Carrillo siempre fue un hombre íntegro, bondadoso y carismático que tenía mucho aún por dar en la política y en la vida misma

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